¿Cómo entrenar tu fuerza de voluntad?

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No hace falta ir al gimnasio para toparte con frases motivadoras estilo “eres más fuerte de lo que crees” o “todo está en tu mente”, ya que con sólo echar un vistazo a las redes sociales te encontrarás con algunas. Parecerán cliché, pero para los deportistas se convierten en poderosos mantras que pueden marcar la diferencia cuando las dudas empiecen a amenazar tu rendimiento.

La fuerza de voluntad es un motor que no debe ser subestimado, y como toda pieza importante de una máquina, requiere de mantención y mejoras que garantizarán su funcionamiento armonioso con el resto de la estructura.

Ahora bien, ¿cómo podemos mantener nuestra fuerza de voluntad por lo alto? En realidad, es más fácil de lo que crees, y a continuación te daremos unas breves recomendaciones para que puedas recurrir con seguridad a tu mente en el momento en que la materia empiece a reclamarte.

Primero: ve paso a paso

Del mismo modo en que ocurre con un entrenamiento muscular, el mejoramiento de tu fuerza de voluntad debe ser progresivo: a medida que la vas usando, se vuelve más potente y efectiva. No obstante, tampoco puedes exagerar ya que terminarías lesionándote.

La forma más recomendable de entrenar sería definiendo tu meta en primer lugar, para luego identificar los obstáculos con los que te toparías y diseñar una estrategia para superarlos; es entonces que debes poner manos a la obra y hacerlo. Parte con pequeños desafíos que ayuden a fortalecer tu confianza y, poco a poco, enfréntate a pruebas mayores: con el tiempo verás que lo que era difícil ya no lo será más, y de este modo podrás navegar hacia nuevos horizontes.

Luego: enfócate en lo esencial y simplifica lo demás

Es difícil enfocarse en todo a la vez; por ello, lo ideal es concentrarse en las actividades más importantes, haciendo más fácil o descartando completamente aquellas más pequeñas que puedan consumir tu tiempo y capacidad mental. Tú sabes lo que dicen: menos es más.

Por ejemplo: si tu plan es entrenar para el running, programa un horario para ello y deja todo listo con anticipación (plan de ejercicio, cita con tu entrenador, vestimenta, hidratación, bocadillos) para que no lo pienses dos veces ni te compliques cuando sea hora. De este modo, todo lo que restará por hacer, llegado el momento, será actuar.

Ahora, hablando de obstáculos, lo mejor es suprimirlos: ¿hiciste unas galletas que entorpecerían tu dieta? ¡Regálalas! ¿Las redes sociales no te dejan dormir? Apaga tu celular. En resumen: ajusta todo lo que te rodea para que juegue a tu favor.

Finalmente: piensa a largo plazo

Debes confiar en que, cuando todo el estrés del ejercicio esté sobre tu cuerpo, podrás recurrir exitosamente a tu fuerza de voluntad para completar el desafío, y la mejor manera de hacerlo es demostrándole que las recompensas del esfuerzo o paciencia que estás teniendo ahora valdrán la pena.

Aquí entra en juego todo el entrenamiento realizado, y las veces en que te has probado a ti mismo que cada nuevo obstáculo que encontraste ha sido superado gracias al esfuerzo y la fuerza de voluntad. De este modo, los retos del futuro dejan de ser amenazas y terminan convirtiéndose en metas que alcanzar.

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