Corriendo por la ciudad y por los cerros

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Si bien es el mismo acto de correr, ambas disciplinas guardan muchas diferencias, las que paso a revisar a continuación. Para ejemplificar de mejor manera y más entretenida, voy a contar ambas experiencias en un día de entrenamiento “moderado”,  y en un día de carrera de distancia “media”.

DÍA DE ENTRENAMIENTO (16k en calle / 22k en cerro)

Un día de entrenamiento en calle parte en la mañana. No tan temprano. Alrededor de las 8 suena la alarma, me levanto a tomar agua y lavarme la cara. Luego me como alguna fruta, que regularmente es una manzana y después como un pan con un té. Reposo alrededor de media hora y me preparo para salir a correr. Polera, short, calcetines, zapatillas y listo! A las 9 salgo y me lanzo a correr al Parque O’Higgins. Desde mi casa son 1.5 kms. Casi siempre corro rodeando el parque y por dentro, para que el entrenamiento no se haga tan monótono. Alrededor de los 10k ya he recorrido todos los rincones del parque, por lo que los kms que siguen se repiten los lugares. El motivo del entrenamiento es ganar resistencia y trabajar la mente para distancias más largas. Después de 1h20m ya estoy de vuelta en casa.

Un día de entrenamiento en cerro parte a las 6 de la mañana. Bien temprano, cosa de llegar también temprano al cerro. A las 6.30 ya estoy comiendo alguna fruta y preparando la mochila. Primera capa de recambio, polera de recambio, calzas térmicas, frutos secos, 2 frutas, 2 bidones de agua (1 litro), celular y los documentos. Luego viene la ropa con la que saldré: primera capa, polera, cortaviento, short, calcetines y zapatillas de trail. A las 7 ya estoy saliendo. Primero tomo el metro, para luego tomar una micro que me deja a las afueras del complejo San Carlos de Apoquindo. Demoro alrededor de 1h15m por lo que recién a las 8.30 estoy listo para empezar a correr. Lo primero que uno siente es la brisa helada de la montaña. Luego viene el sonido de las aves, uno que otro conejo, los arbustos y árboles que empiezan a aparecer. Cuando comienza la subida se disparan las pulsaciones y comienza lo bueno del entrenamiento. Al llegar a cada cima me detengo a admirar todo el paisaje circundante. También me tomo pausas al llegar a algún curso de agua, ya sea para refrescarme o para meterme al agua. Al final han pasado varias horas, pero en ningún momento se ha vuelto monótono el entrenamiento. Cada sendero es un lugar nuevo por descubrir. Cerca de las 15.30 ya estoy de vuelta en casa, 7 horas después de haber salido.

DÍA DE LA CARRERA (21k en calle / 28k en cerro)

Como las carreras de 21k parten generalmente a las 8, a las 6 ya estoy en pie. Algo liviano de desayuno viene bien: una manzana, un pan tostado y té verde. La misma ropa que en los entrenos y ya estoy listo. Eso sí, hay que agregar un cortaviento para capear el frío de la mañana. Con una micro o el metro basta para llegar, ya que la mayoría de las carreras se hacen en el centro. Minutos antes de las 8 ya me encuentro en la largada. Hay mucha gente. Al partir la carrera, siempre salgo un poco más rápido de lo que planeo correr. Luego de 1 km bajo un poco el ritmo y busco pegarme a un grupo de corredores que vaya a una velocidad adecuada. Siempre ocupo la misma táctica, ya que me resulta muy entretenido y cómodo rodar en grupo. La idea es correr al mismo ritmo todos los kilómetros. Algo importante es no saltarse ningún punto de hidratación, que están cada 5 kms. Después de 1h40m llego a meta. Ya a las 11.30 estoy de vuelta en casa.

Si bien los 28k parten a las 10, el día comienza a las 5.30. No hay tiempo ni ganas de tomar desayuno tan temprano. La noche anterior dejo todo listo: mochila de hidratación, bidones de agua (0,5L con agua y 0,5L de jugo), frutos secos, cortaviento, primera capa, polera, short, calcetines, zapatillas de trail y bandana. A las 6 ya estoy en el terminal, esperando la micro que lleva al lugar de carrera. Cerca de las 9 llega la micro al lugar de carrera. Entre retirar el número y el cambio de ropa ya dan casi las 10. No alcancé siquiera a calentar, pero como es una carrera de varias horas, los primeros kilómetros sirven para eso. Se da la largada y todos comenzamos a internarnos en los bosques. Las primeras subidas son suaves, como para entrar en calor antes de las feroces pendientes que nos esperan más adelante. Como vamos cerro arriba, la sed llega mucho antes de los avituallamientos, por lo que el agua que uno lleva se vuelve fundamental (también la comida). El hecho de ir corriendo solo se vuelve habitual, ya que no hay muchos corredores y cada uno lleva su propio ritmo.  Arriba de los cerros las vistas son espectaculares. Tanto así que siempre me tomo unos segundos para contemplar y apreciar esos lugares. Cerro abajo todo se vuelve rápido y las piernas pesan cada vez más. Al llegar a meta, después de 3h20m, caigo desplomado a la tierra. Pero ese no sería el fin de la carrera. Luego quedaba tomar la micro de regreso a Talca, y luego volver a Santiago. Cerca de las 23 horas, recién llego a casa.

Como se puede apreciar, entre calle y trail hay muchas diferencias. No sólo en cuanto a desnivel y entrenamientos, sino en tiempos de desplazamiento, equipamiento y tácticas de carrera.